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3.21.2011

Escribo desde aquí, desde mi carro

Empecé con un celular y ahora tengo una grabadora.

Dijeron que un escritor tiene todo en la cabeza, que no importa si lo hace en ese momento o diez semanas después, la idea seguirá ahí. Las palabras también.

Tenía una idea tremenda y la olvidé por completo. Lamento mucho haberla perdido, ya no sé si la idealizo tanto que la creo tremenda o si de verdad lo era.

Por esa razón empecé con un celular y luego con una grabadora. Tiempo considerable estoy en mi carro, muestra representativa del universo y a ese universo es necesario llamarlo casa.

La autopista del sur es mi cuento favorito de Julio Cortázar. No es hasta que lo recuerdo estando en mi carro cuando lo comprendo de verdad y no es hasta que llego a la conclusión de que pienso tantas cosas yendo de aquí y allá que debería de grabarlas para no olvidar, lo tremendo y lo que no es tanto. El cuento habla de un embotellamiento que dura días, al no poder mover sus autos y sin la certeza de que es lo que ha pasado mas adelante, dejan de mirar fijamente al frente y empiezan a mirar a los lados y a crear relaciones y roles. Es una idea genial para un cuento, ojalá se me hubiera ocurrido a mí.

El vendedor de periódicos, que lee todos los encabezados y los repite como si eso fuera una opinión, la tercera guerra mundial se acerca cuando no podríamos estar mas divididos, piensa. Veo al chico que los reparte de auto en auto en su chaleco fosforecente dice: Semana para VIVIR o MORIR. Me quedo de piedra. La portada del periódico que dice lo mismo. No puedo andar por las calles con todas esas señales.

Sabiendo todo eso, mientras tanto he tenido cuidado. Me pusieron a investigar y eso es lo que he estado haciendo. ¿Habrá alguien como Adrian Veidt leyendo entre las líneas de los programas y la publicidad?

Todo lo que se ha podido decir y lo que no se ha dicho.

Alguien perdió la cabeza. Soy yo. Soy yo cuando me preguntan de que se trata la música alternativa. Yo tampoco entiendo. Claro que sí, la música que no es normal. El mundo enloquece y cada vez mas gente dice la palabra "literal". Comí demasiado, o sea literal me comí una vaca. A veces creo que me siento muy inteligente, con todo y sabor a sangre en la boca, y aunque no tengo 18 años ni actuó de esa forma, me acuerdo de algo que escribió Paul Auster. "Cuando me daba la vena, pasaba noches enteras en los bares, fumando y bebiendo como si quisiera matarme, citando versos de poetas menores del siglo XVI y oscuras frases en latín de filósofos medievales, y haciendo todo lo posible por impresionar a mis amigos. Los 18 años es una edad terrible, y aunque yo iba por ahí convencido de que en cierto modo era más maduro que mis compañeros de clase, la verdad era que únicamente había encontrado una manera distinta de ser joven."

Cuando se vengan encima de mi y de ti. Cuando reacciones como debes y recuerdes todo lo que has aprendido, al parecer no habrá cambiado nada ni ha influido mucho, pero al menos ya no hay más replay en la cabeza de cómo debiste haberlo hecho. Lo hiciste bien, aunque tu mano derecha no sepa lo que ha hecho la izquierda, aunque tú y el mundo hayan perdido la cabeza, lo hiciste bien y eso es lo que queda.


1.04.2011

El fin de semana sobre un sillón de cuero

Ya no tenía refresco porque había estado tomando un trago cada 20 segundos, cuando estoy en una situación incomoda sólo necesito tener la boca llena para sentirme excusada. Sólo me quedaba sacar el celular y preguntarte qué es lo qué estás haciendo un día como hoy y a esta hora pero en el otro lado del mundo.
¿Qué haces un día como hoy pero en el otro lado del mundo cuando yo estoy viendo directamente a una pantalla azul?
Me contestas que estas en tal bar, buscando refugio en el alcohol y luego te ríes.
Un mundo pequeño me llega en forma de mensaje de texto. El mundo es tan pequeño cuando llega al bar la chica que te gusta y tú estás arriba de una silla bailando, acto que contradice todo lo que eres.
Tú arriba de una silla.
Bailando.
Tú y dos muchachos más bailando, pero ellos están en el piso y tu estas parado en una silla. Te saluda la chica que te gusta y la saludas de vuelta, inmediatamente te miras los pies. Lo habías olvidado, estás sobre una silla.
¿Dónde acabará todo hoy?
Yo espere a que se fueran y me escondí en la cochera, quise ir a una tocada pero no sabía donde era y tampoco había alguien que se muriera por venir.
Tu andaste por toda la Vista Hermosa hasta que encontraste comida y llegaste a tu casa a las 7, tu mamá te esperaba y tu te reías.
No es que me este esforzando mucho en que esto suene tan adolescente, pero así resulta y podría seguir pero necesito los siguientes 12 minutos para prepararme psicológicamente y hacer una llamada.
Podría seguir pero de verdad necesito salir de la cama.

12.14.2010

Ya sé, ya sé, es serio.

José Luis me contó una vez de una película sobre la que no recordaba casi nada. No me supo decir de que se trataba ni quienes eran los actores, sólo me describió una escena.

"El personaje hablaba pero sólo se veía su boca moverse, empezó la música que iba subiendo de volumen hasta saturar todo el espacio que puede tener el sonido en la pantalla. Y es que nada de lo que estuviera diciendo haría diferencia alguna."

En el momento que sucedió lo supe, estaba ahí. En la escena de una película que nunca he visto. Seguramente en una toma panorámica cada vez que abría la boca sonaba música con volumen altísimo, pero desde donde yo estaba escuchaba mi voz y mi voz tiembla cuando estoy molesta. Sólo hay una palabra para describir a este extraño y encantador fenómeno: oportuno.

Hubiera preferido escuchar una canción cada que abría la boca y me pregunto cuál habría sido. Una buena, de seguro.

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12.07.2010

Proporciones bíblicas

Me encanta andar y me encanta manejar, todo lo que veo es completamente nuevo para mí. Ahora me pasa siempre.

Todos los días veo a personas que nunca he visto antes y a la mayoría de ellos nunca los volveré a ver, eso pienso cuando me subo al metro.

Pero para tenerlo hay que renunciar a los encuentros y a los abrazos al saludar y a los estacionamientos gratuitos y a las noches que pasaba o pasábamos adentro del carro comiendo helado. Hay que dejar los miedos y esperar que esa habilidad de la memoria por cosas inútiles siga funcionando por mucho tiempo más, hasta que ya no sea necesario, hasta que ya no importe.

Y para lograr todo lo demás se necesita fe y se necesita mucha.


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