7.18.2009

Matando un ídolo

Por muchas razones los ídolos deben de permanecer en el lugar donde los conocimos y donde los hacemos.
Debe de quedarse en su ciudad húmeda, entre semana como padre de familia que va a la tienda vídeos y se queda platicando con el muchacho del mostrador y que recarga su cuerpo, huesudo y largo.
O puede apoyar la cabeza en su mano y acostarse en el escenario, esto es por el encanto y por los años , esto es el ardid en la garganta de la multitud.
Deben estar planeando hacer otra película en conjunto, escribiendo una historia punzante con acento sureño, con humor sin risa esperada y una escena violenta. Deben de tener preparado un final tan sencillo que sea magnifico.
O solo en la ciudad que ama, con una neurosis consciente, detrás de sus anteojos, blanco y negro, escribiendo la historia cotidiana con personajes complejos, defindiéndolos mejor de lo que nos podríamos definir a nosotros mismos.
Debe de estar en su escuela, escribiendo sin aliento, agotado en librerías y ser esperado por meses, debe ser causa de placer.
O debe de estar muerto, debe de tener flores en su tumba y cebarse mate en su honor. Debe habitar en la memoria.
Prefiero que conociendo a alguien llegue a admirarlo, que conocer a alguien que admiro. Así pienso que se empieza a matar un ídolo.
Me recargue en el marco de su puerta, había manejado en círculos pensando en no entrar. Es natural en mí la cuestión de segundos que me toma para formarme una postura y esa postura en convencerme que debo de dar media vuelta e irme. Pero me he convencido de que no nací para ser cobarde.
Por lo tanto entré. Deje afuera el miedo que provoca la decepción, la de uno mismo, ¿será difícil admirar a alguien a quien no le has caído bien, o que consideré difícil hablar contigo? Si has tartamudeado al hablar o si se te ha mezclado el alcohol con la sangre y cree en el auto control, si tu tono de voz sube y tiene el oído sensible. Ah, las cosas que podrían pasar.
Me gusta quererte de esa otra forma, como cuando se quiere de lejos, le dije después. Su cuerpo siempre se veía como si estuviera vencido, los hombros caídos y los brazos cortos. Lo abrazaba para olfatearle el cuello, su humor era fuerte y eso era algo que me gustaba. Particular olor. Su departamento solo tenía paredes que lo dividía de los otros departamentos y no se podía seguir durmiendo después de las nueve, el sol cubría para entonces la mayor parte del área habitable. Sus amigos eran unidos, eran inteligentes o parecían serlo, por que no los conocí a todos. Estaba el que solía numerar todo por millones, pero ese era americano, y decía one million of ways that Mexico is a better artist than me. Me cayó bien desde entonces.
Dijo que tenerme en su boca era un peligro, me sentía deslizar y me sentía estallar, que me sintió escurriendo por sus labios.
Tal magnitud no se puede contener, dijo.
Cabrón, yo le dije.
A partir de ahí cada elemento parecía una farsa y era bastante obvio cuando se refería a mí. Cosa que me molestaba, por que se mostraba lánguido y arrepentido pero siempre a la distancia. Un día lo encontré y sólo en un espacio común tuvo la voluntad de acercarse.
Disfrute como un verdadero cabrón y me fui como tal. Debo compensarte y ya he empezado. Estabas lejos y yo solo, te cante una canción, es poco compensarte con una canción pero es un buen inicio, incluso si no estabas ahí, pero había muchos que tenían la mirada fija en un punto al vacío y se que, o mejor dicho quiero pensar que al igual que yo tenían alguien a quien recordar. Cante con todos y con todo el corazón, era imposible contener tal magnitud, así que logro salirse del bar y dar hasta la calle, logro colarse entre las rendijas de las puertas y ventanas, la calle se inundó.
Quiero que sepas, un día como hoy pero hace dos semanas todo Isaac Garza te llamaba, sin decirte Amor o Corazón. Te llamaba por tu nombre completo, como las pocas cosas que merecen serlo.

7.08.2009

Se apellida Toscana

Y se llama David, es de Nuevo León y lo leí hace un mes. Había querido desde entonces postear algún fragmento.
Para mí, es increíble, es mi descubrimiento del año.
Me lo habían recomendado desde antes, pero fue hasta ahora que lo tomé. Soy de las personas que cree que los libros llegan en el momento preciso para leerse, no se debe forzar a encontrarlo. De alguna forma ellos nos encuentran.

Fragmento del cuento El Cacomixtle, del libro Brindis por un fracaso.

Pensó que tal vez, sólo tal vez, él había sido creado para ocuparse de asuntos más grandes que atender una cantina. Tal vez portaba un don para formular frases que llegaran al corazón de la gente. Somos como los cacomixtles, se dijo, y le pesaron sus setenta años como nunca y se preguntó qué hubiera sido de él si desde antes, mucho antes si desde que abandonó lo escuela hubiera descubierto ese don. ¿Cuál hubiera sido su suerte? ¿Cuáles serían sus recuerdos? Quizás su padre lo había engañado.Por primera vez se sentaba a hablar con un cliente, y, de pronto, se sentía otro, o al menos quería ser otro, un muchacho, aunque fuera un muchacho aproximándose a la muerte. Porque su padre también le advirtió, y en esto no hubo engaño, que la vejez llegaba cuando eran más los recuerdos que los sueños; apenas lo presentía porque no alcanzaba a moldearlo, a definirlo; era una voz difusa y no distinguía de quién era ni de dónde venía. Y aunque lo intentaba, no podía ocuparse de desentrañar ese presentimiento sin que una y otra vez le cayera encima el recuerdo de su padre. El recuerdo, otro más. Odilón se dijo que, también, uno es necesariamente viejo cuando piensa en su padre y viene la imagen de un hombre mas joven. (...) Se puso a atender sin ánimo a los clientes, con la sensación de que aquél hombre de la camisa a rayas le había encendido la luz por un instante, sólo por un instante.