Me pude sentar frente a los amantes, por supuesto ellos no parecían tan interesados en mí como yo en ellos. Estaban sentados muy cerca el uno del otro, una forma extraña para estar en un cafetería, habían volteado las sillas para que quedar lo más cerca posible, la mesa ni siquiera estaba en un segundo plano, sino en el tercero. Las piernas de él rodeaban las de ella, yo sólo veía sus labios moverse y no logré escuchar nada.
Él agarraba su mano con suavidad y luego con fuerza, cuando ella se alejaba un poco y él la agarraba con más intensidad. Estaba a punto de convencerla de que estuvieran juntos otra vez, la tenía fácil, pensé. Ella jugaba con la cruz que colgaba del cuello de él y era casi imperceptible como con las yemas de los dedos tocaba su pecho.
Viendo a los amantes pensé en el nivel de intimidad que debe existir entre dos personas para estar tan cerca y sentirse cómodos, para escucharse sin decir una palabra.
8.20.2015
5.30.2015
Me pregunto si me convertiré en historia. Seguro seré historia como cada día que pasa, pero ¿alguien me convertirá en una historia? ¿se sentará a escribir sobre mí, a describir un gesto exacto, una situación de mi vida, un triangulo de lunares? Y aunque esto último no ha rondado por mi cabeza, hasta el momento de escribir esto, lo que he pensado es que si me convertiré en una historia más, de esas que te acompañan en un café o cuando hablas de un lugar lejano en el que estuve presente, cuando piensas en resolver situaciones adversas, graciosas o comprometedoras, que vagamente se parecen a las de ahora. Es inevitable, ¿cierto? A todos nos pasa, todos lo somos y todos contamos historias.
Prefiero no pensar tanto en eso, sólo tenía que escribirlo. Dejarlo en algún lado, para luego decir que así es, que no hay más, que no es la gran cosa y que la vida sigue, como ha pasado con la mía. Si hay algo que hasta ahora es perpetuamente cierto es que, no importa lo que pase ni lo que sientas, lo adverso ni lo aburrido, lo difícil ni el pan comido, lo lejano ni lo que está a la vuelta de la esquina,la vida pasa. Cuando dicen que todo pasa, que el tiempo lo arregla, es sólo otra forma de decir, aunque parece que lo hace sin piedad no es intencional, la vida sigue y con trabajo o no, nosotros también.
5.14.2015
JD
Among other things, you'll find that you're not the first person who was ever confused and frightened and even sickened by human behavior. You're by no means alone on that score, you'll be excited and stimulated to know. Many, many men have been just as troubled morally and spiritually as you are right now. Happily, some of them kept records of their troubles. You'll learn from them—if you want to. Just as someday, if you have something to offer, someone will learn something from you. It's a beautiful reciprocal arrangement. And it isn't education. It's history. It's poetry
The catcher in the rye, Salinger
5.12.2015
Nightcrawler
Cada vez que voy de regreso, la calles están húmedas y completamente vacías. Por metros y metros, sólo se escuchan mis pasos andando sin ritmo, esquivando charcos. Camino por la mitad de la calle y ocasionalmente me vuelvo para ver si alguien anda por ahí, si alguien observa desde la ventana o si el balcón sigue encendido, pero nunca he tenido la fortuna, buena o mala, nunca ha sido mía.
A veces se siente como si el silencio de la calle en la madrugada fuera igual de denso que el vacío de los días, que siguen pasando. Otras veces es la libertad misma.
Nada de eso se puede comparar a ir manejando en el auto, otra vez por calles vacías, húmedas y frías, escuchando música de mi elección y, ocasionalmente, lo que programen en la radio, me pasaba en Monterrey más seguido, eso de escuchar la radio en el auto, recuerdo perfectamente en alguna ocasión al locutor decir: Éste clásico de Full Moon Fever. Tom Petty.
Tengo esta avenida con seis carriles, casi totalmente vacía, esta avenida que recorre la ciudad de norte a sur. A esa hora los semáforos tienen piedad de mí y llevan la mejor sincronía. Si hay algún alto por ahí, de seguro arruina la canción, ¿qué caso tiene escuchar la mejor parte estando detenida?
Tengo esta avenida con seis carriles, casi totalmente vacía, esta avenida que recorre la ciudad de norte a sur. A esa hora los semáforos tienen piedad de mí y llevan la mejor sincronía. Si hay algún alto por ahí, de seguro arruina la canción, ¿qué caso tiene escuchar la mejor parte estando detenida?
El paseo se alarga con cada canción que me gusta y sigue, aunque regrese la cinta, es ese paseo él que nunca quiero que termine. Las calles pueden seguir así, como casi cualquier parte de mi cuerpo, vacías, húmedas y frías, y es perfecto.
3.22.2015
Semanas que se resumen en una línea que alguien más escribió y títulos más largos que entradas
Supongo que nosotros hemos cambiado mucho, y ellos muy poco.
3.21.2015
Night cab
¿Te diste cuenta de que los taxis van más despacio en la noche? Para que salga más cara la vuelta, seguramente. La gente de noche va en los taxis pensando en otras cosas que la gente de mañana. De noche no hay distracciones, sólo el silencio de la gente que duerme y los locales cerrados, el transporte público deja de servir y las calles se vacían. Se puede mirar por la ventana y perderse, llenar todos los espacios en blanco, es un andar en el que no hay precipitaciones, y casi nunca problemas, sólo se obedecen los semáforos, aunque no siempre. No hay nada que detenga ese andar, por eso me entristece profundamente andar en un taxi de noche. Algo tienen que ver las canciones que se escuchan mientras voy en ellos. La peor de todas fue Las Casas de Madera de Ramón Ayala, estaba a nada de abrazar al taxista. El viento sopla y nada me consuela, así dice.
El día que se vive una nueva decepción, voy en taxi de noche, tal vez no es donde quiera estar, pero es la única manera de salir.
2.03.2015
Mensajes
Vas a dejar que pasen días antes de que respondas, si es que respondes, es menos incómodo, menos presión así, no tienes que seguir una conversación ni darle seguimiento: sólo se trata de responder el mensaje.
Pasan los días y también los mensajes, se acumulan uno sobre otro, algunos son respondidos, otros rezagados y otros, por los que menos culpable te sientes, son olvidados. Es extraño que mueras por saber que dicen pero saber poco sobre cómo contestarlos, así que vas a esperar hasta ser casi obligado a hacerlo.
Pretender que no has estado hasta que tengas que estarlo, por un tonto impulso, un desliz, un momento soñando. Ignorar lo que pasa por días y no dejar de salir, no dejar de tomar, no dejar de estar solo hasta que llegué ese inevitable momento en el que tengas que ir a trabajar y sentarte frente a la computadora. Cuando llegue el sueño o te abrume el trabajo, harás algo para distraerte, despertarte e incluso en el momento en que tengas el tiempo contado o moderadamente ocupado, responderás cualquier cosa con amabilidad pero matando la conversación. Te quitas un peso de encima y nunca vuelves a abrir esa conversación. Se pierde.
Se acabaron los días en los que antes de regresar a tu casa o antes de dormir impulsivamente escribías en privado o los días en que escribías públicamente algo tan impersonal que nadie más captaba como un mensaje más que aquél único que lo recibe.
Pasan los días y también los mensajes, se acumulan uno sobre otro, algunos son respondidos, otros rezagados y otros, por los que menos culpable te sientes, son olvidados. Es extraño que mueras por saber que dicen pero saber poco sobre cómo contestarlos, así que vas a esperar hasta ser casi obligado a hacerlo.
Pretender que no has estado hasta que tengas que estarlo, por un tonto impulso, un desliz, un momento soñando. Ignorar lo que pasa por días y no dejar de salir, no dejar de tomar, no dejar de estar solo hasta que llegué ese inevitable momento en el que tengas que ir a trabajar y sentarte frente a la computadora. Cuando llegue el sueño o te abrume el trabajo, harás algo para distraerte, despertarte e incluso en el momento en que tengas el tiempo contado o moderadamente ocupado, responderás cualquier cosa con amabilidad pero matando la conversación. Te quitas un peso de encima y nunca vuelves a abrir esa conversación. Se pierde.
Se acabaron los días en los que antes de regresar a tu casa o antes de dormir impulsivamente escribías en privado o los días en que escribías públicamente algo tan impersonal que nadie más captaba como un mensaje más que aquél único que lo recibe.
1.08.2015
Sink or swim
Tengo este discurso sobre la publicidad, las revistas, las telenovelas, las películas y casi todos los medios masivos, el discurso de cuanto detesto cómo venden y proponen imposibles estándares en belleza, relaciones e incluso color de piel, está última especialmente en mi país.
Me hace sentir minúscula luchar contra esas creaturas que me llevan años y que se han metido en la mente de las personas, como si un taladro les estuviera perforando una parte especifica del cerebro, recordándoles todas las cualidades a las que deben aspirar, las cosas que no tienen y esa eterna e inútil búsqueda de la perfección. Hace semanas, estaba viendo con detenimiento a mi mamá y le dije que era muy bonita, ella se ríe, con esa alegría que parece que nadie ni nada puede quitarle, y me dijo: bonita tú que eres joven. Me sentí tan triste de pensar que ella no viera lo hermosa que es sólo por tener 69 años. La belleza no tiene que ver con la juventud, le dije, tu eras y serás por siempre hermosa. ¡Nos reímos! Sonó como a otras de mis bromas, no lo era pero es la única forma en la que le puedo decir ese tipo de cosas sin que ponernos sentimentales.
En fin, sintiéndome tan determinada con este discurso para diferentes aspectos hace poco me di cuenta que caía en otros, que ni siquiera sabía que existían, pero estaba tan sumergida que trabajo me costó darme cuenta. Amigos. De ahí cojeo. Toda esa idealización de tener un grupo de amigos, específicamente amigas, pasar las tardes en sus casas, salir a bailar, perder el tiempo en el teléfono, comer cosas ricas y lo que más admiro de esa fantasía es la lealtad. La realidad: United we stand, divided we fall. No me encuentro dolida o enojada, sólo es que muchos sueñan o se imaginan el novix perfectx, el éxito, los hijos, mientras que yo admiro lo sencillo que se ve superar algo cuando se tiene el apoyo de un grupo perfecto de amigas.
El año pasado cuando veía mucho Beverly Hills 90210, viví algo parecido a Brenda Walsh: encontrarme protuberancias en los pechos. Aunque ese fue un capítulo informativo, también fue triste y estresante, pero quedaba esa sensación al final de que todos estaban para ella, le escuchaban hablar del miedo que le daba, le acompañaban al hospital y se reunían a festejar las buenas noticias. Al final había sido un episodio que dejaba un buen sabor, como cualquiera de Beverly Hills o de Party of Five, tenía una moraleja y al final nunca, nunca ibas a estar sólo.
Cuando me di cuenta que la realidad daba más miedo, que tiendo a aislarme, que cosas así de complicadas no suelen resolverse en 45 minutos, que se estaba creando en mí una expectativa inalcanzable a mi modo actual de vida dejé de esos programas. Me gustaba ver esos finales porque me daba un poco esperanza. y la necesitaba a muerte, luego me di cuenta que hasta me sentía enojada de ver lo sencillo que eran sus vidas o lo felices que eran, obviamente comparada con la mía. Beverly Hills 90210 es un buen lugar para visitar si sabes cuando irte y si sabes dejarlos en esa otra época en lugar de llevarlos contigo.
Lo que veo ahora son programas policíacos o de misterio dónde al final las cosas casi nunca están bien y se ve de una manera más realista los cambios y el desarrollo de los personajes, la construcción de relaciones y cosas alejadas de mi realidad como los crímenes, la investigación y las pistas de un misterio. Me da más alivio y me encuentro en otro mundo pensando en la ficción, se termina y casi nunca comparo mi realidad con aquélla ficción, aunque todos cojeamos de una pierna y siempre es peligroso estar en exceso expuesto a los diferentes mensajes que se cuelan por todos lados.
Me hace sentir minúscula luchar contra esas creaturas que me llevan años y que se han metido en la mente de las personas, como si un taladro les estuviera perforando una parte especifica del cerebro, recordándoles todas las cualidades a las que deben aspirar, las cosas que no tienen y esa eterna e inútil búsqueda de la perfección. Hace semanas, estaba viendo con detenimiento a mi mamá y le dije que era muy bonita, ella se ríe, con esa alegría que parece que nadie ni nada puede quitarle, y me dijo: bonita tú que eres joven. Me sentí tan triste de pensar que ella no viera lo hermosa que es sólo por tener 69 años. La belleza no tiene que ver con la juventud, le dije, tu eras y serás por siempre hermosa. ¡Nos reímos! Sonó como a otras de mis bromas, no lo era pero es la única forma en la que le puedo decir ese tipo de cosas sin que ponernos sentimentales.
En fin, sintiéndome tan determinada con este discurso para diferentes aspectos hace poco me di cuenta que caía en otros, que ni siquiera sabía que existían, pero estaba tan sumergida que trabajo me costó darme cuenta. Amigos. De ahí cojeo. Toda esa idealización de tener un grupo de amigos, específicamente amigas, pasar las tardes en sus casas, salir a bailar, perder el tiempo en el teléfono, comer cosas ricas y lo que más admiro de esa fantasía es la lealtad. La realidad: United we stand, divided we fall. No me encuentro dolida o enojada, sólo es que muchos sueñan o se imaginan el novix perfectx, el éxito, los hijos, mientras que yo admiro lo sencillo que se ve superar algo cuando se tiene el apoyo de un grupo perfecto de amigas.
El año pasado cuando veía mucho Beverly Hills 90210, viví algo parecido a Brenda Walsh: encontrarme protuberancias en los pechos. Aunque ese fue un capítulo informativo, también fue triste y estresante, pero quedaba esa sensación al final de que todos estaban para ella, le escuchaban hablar del miedo que le daba, le acompañaban al hospital y se reunían a festejar las buenas noticias. Al final había sido un episodio que dejaba un buen sabor, como cualquiera de Beverly Hills o de Party of Five, tenía una moraleja y al final nunca, nunca ibas a estar sólo.
Cuando me di cuenta que la realidad daba más miedo, que tiendo a aislarme, que cosas así de complicadas no suelen resolverse en 45 minutos, que se estaba creando en mí una expectativa inalcanzable a mi modo actual de vida dejé de esos programas. Me gustaba ver esos finales porque me daba un poco esperanza. y la necesitaba a muerte, luego me di cuenta que hasta me sentía enojada de ver lo sencillo que eran sus vidas o lo felices que eran, obviamente comparada con la mía. Beverly Hills 90210 es un buen lugar para visitar si sabes cuando irte y si sabes dejarlos en esa otra época en lugar de llevarlos contigo.
Lo que veo ahora son programas policíacos o de misterio dónde al final las cosas casi nunca están bien y se ve de una manera más realista los cambios y el desarrollo de los personajes, la construcción de relaciones y cosas alejadas de mi realidad como los crímenes, la investigación y las pistas de un misterio. Me da más alivio y me encuentro en otro mundo pensando en la ficción, se termina y casi nunca comparo mi realidad con aquélla ficción, aunque todos cojeamos de una pierna y siempre es peligroso estar en exceso expuesto a los diferentes mensajes que se cuelan por todos lados.
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