2.17.2010

La historia termina de la misma forma que empieza

Fragmento Rayuela, Cápitulo 32

"Bebé Rocamadour, bebé bebe, Rocamadour:
Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los pies. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabés leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. (...)

Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda. No te puedo explicar porque eres tan chico, pero quiero decir que Horacio llegará enseguida ¿Le dejo leer mi cara para que el también te diga alguna cosa? No, yo tampoco querría que nadie leyera una carta que es solamente para mí. Un gran secreto entre los dos, Rocamadour. Ya no lloro más, estoy contenta, pero es tan difícil entender las cosas, necesito tanto tiempo para entender un poco eso que Horacio y los otros entienden enseguida, pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender a ti ni a mi. No entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pañales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a mí que tanto me importa solamente se que no te puedo tener conmigo, que es malo para los dos, que tengo que vivir sola con Horacio, vivir con Horacio, quien sabe hasta cuando ayudándolo a buscar lo que el busca y que también tu buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto. (...)

Yo no te podría tener aquí, aunque seas tan pequeño no cabrias en ninguna parte, te golpearías contra las paredes. (...) Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tu y yo, hay que vivir combatiendose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a ti no te gustaría, tu que ves a veces los corderitos en el campo, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa. (...)

Y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno ya no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la comoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer.

Pero lloro lo mismo, Rocamadour, y te escribo esta carta porque no sé, porque a la mejor me equivoco, porque a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, la sola idea me da cólicos, tengo completamente metidos para dentro los dedos de los pies, voy a reventar los zapatos si no me los saco, y te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete..."

Esto es exactamente igual para mí.
La verdad es que a este blog siempre lo he considerado como un bebé y me da tanta pena dejarlo. Tanta. Pero por ahora es necesario. Por ahora estoy hecha de engranes o pistones, funciono como una máquina, primero una cosa y luego la otra, lo que se tiene que hacer, lo que se debe hacer.
No voy a mentir, con nadie hablo al respecto porque no soporto verme como una víctima, y no puedo mentir en el espacio que uso para expresarme. Esta bien cabrón.
A veces siento que no puedo más y la mayoría de las veces "todo me parece una mierda" pero hasta eso me considero una persona feliz, una persona que disfruta y creo que tengo una muy buena actitud ante ella, aunque suene irónico, no lo es.
En estos días me hizo CLAC la cabeza,y tuvo sentido que terminara de la misma manera que empezó. Y que Rocamadour es un bebé como para mí esto.
Este es mi capítulo favorito de Rayuela y la última frase resaltada en negrita es lo mas memorable que he leído en mi vida.
Esto tiene que parar porque no cabe en ninguna parte. Es una pausa.
Espero concentrarme en lo que debo hacer y que el resto sea mas llevadero.
Gracias por leer, aún cuando no se entendiera.
Suena idiota, pero le tengo mucho amor a esto. Te lo digo a ti, nos vamos a extrañar.
Sólo es un hasta luego.
Y si todo se resumiera en una frase, usaría una de mis canciones favoritas y diría:

Cuando apunto es imposible que falle.


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2.06.2010

Tengo ese extraño impulso de escribir cuando alguien me espera

Un rottweiler negro no me deja ir. La calle esta mojada y el camino es cuesta abajo. Usando tacones me doy cuenta que cada pieza cae en el lugar que le corresponde, los tacones son piteados, como los cintos, como las botas. Vaya, esta muy obscuro para irme caminando hasta el centro, pero me he enojado con un amigo que se ha puesto como cola de perro, hasta atrás, se ha quedado en un sillón acompañado de alguien, de música que nadie escucha y de luz amarilla. Y resulta que esto es algo que ya no soporto tanto, antes podía alargar lo que fuera, incluso si estaba pasándolo mal o cuando daba igual estar ahí o en un columpio por una hora y media. ¿Porqué vamos a lugares llenos de gente que no nos cae bien? Sólo contribuye a la idea de hacer resúmenes en casa con todos los datos absurdos e impactantes sobre lo que nos gusta, porque algún día, algún día cuando sea posible tener un plan, nos van a servir de algo. A dos cuadras del escape, intentando no hacer ruido porque he visto al animal, cuando es demasiado tarde para tomar precauciones, se aparece detrás del arbusto y su vista la tiene en mí. Me gustan los perros, no los he observado tanto, pero este vaya que tiene músculos. Yo me quedo inmóvil, el se acerca. Me chupa los dedos y yo le toco su cabeza. Se emociona y brinca, se para en dos piernas, me pisa y no se va de mí. Avanzo, al menos eso intento hasta el final de la cuadra. Los dueños salen de su casa para llamarle, un nombre que no recuerdo. Pero el no escucha, me sigue dibujandome círculos y brincandome encima. Era puro amor. Los dueños me dicen es todo lo que puedo hacer, pero para que te libres de éste va a estar difícil. Lo sé. Tengo la extraña sensación de que todo podría terminarse en un momento a dos cuadras de que se termino el fin de semana evitando a muchos de los que me frecuentan, a dos cuadras de tomar conciencia que tacones piteados no siempre son la mejor opción y a mil cuadras del centro, con un rottweiler negro encima. No pretendo ser un líder de opinión, me daría pena serlo y el mundo estaría lleno de tazones para cereal, caricaturas y de un término que conocí ayer observational humor, pero es el camino es el que se vive.