2.03.2015

Mensajes

Vas a dejar que pasen días antes de que respondas, si es que respondes, es menos incómodo, menos presión así, no tienes que seguir una conversación ni darle seguimiento: sólo se trata de responder el mensaje.

Pasan los días y también los mensajes, se acumulan uno sobre otro, algunos son respondidos, otros rezagados y otros, por los que menos culpable te sientes, son olvidados. Es extraño que mueras por saber que dicen pero saber poco sobre cómo contestarlos, así que vas a esperar hasta ser casi obligado a hacerlo.

Pretender que no has estado hasta que tengas que estarlo, por un tonto impulso, un desliz, un momento soñando. Ignorar lo que pasa por días y no dejar de salir, no dejar de tomar, no dejar de estar solo hasta que llegué ese inevitable momento en el que tengas que ir a trabajar y sentarte frente a la computadora. Cuando llegue el sueño o te abrume el trabajo, harás algo para distraerte, despertarte e incluso en el momento en que tengas el tiempo contado o moderadamente ocupado, responderás cualquier cosa con amabilidad pero matando la conversación. Te quitas un peso de encima y nunca vuelves a abrir esa conversación. Se pierde.

Se acabaron los días en los que antes de regresar a tu casa o antes de dormir impulsivamente escribías en privado o los días en que escribías públicamente algo tan impersonal que nadie más captaba como un mensaje más que aquél único que lo recibe.