10.29.2011

Tormenta de nieve

Por un rato tener a alguien para compartir las mañanas y las tardes en las que las tormentas de nieve nos prohíban salir. Alguien que como a nosotros, los extraños, guste de ver edificio por edificio y cada una de sus ventanas, que guste de preguntarse, quien vive ahí y de donde ha sacado esa lámpara tan linda. Se enciende una aquí y otra allá, que han llegado de la fiesta y borracho se tira en el colchón, de aquellos que hacen el amor por primera o veinteava vez, los que lavan los platos a diferencia de nosotros. ¿No sería genial que en el edificio de enfrente alguien atrapado por una tormenta de nieve también pensara en nuestra ventana, en ti y en mi, hablando de cada persona por su nombre, dándole una historia al que se quita los pantalones y sólo se deja puestas las calcetas, haciendo lo mismo desde otra ventana en estas diez manzanas que alcanzamos a ver sobre la isla?

10.01.2011

Me paré al borde de la sala y le fuerza se fue de mí. La perdí en los hombros y luego en las piernas.
Mi mamá como para hacerme salir del trance me llamo por mi apodo, entonces volví a caminar.
Alguien escribió por ahí, no recuerdo quién ni tampoco dónde, que una vez que la has visto dejas de temerle. Esa es la mentira más grande de la atmósfera.
Cuando se trata de mí me importa poco menos, no sé lo que es realmente, pero no puede ser tan malo, acaba con todo y no hay nada más que decir, enfrentar, extrañar, etcétera, etcétera.
Eso fue todo.

Es curioso que hoy sea hoy, y que la falta de oxígeno, otra vez, lo haga dormir mucho, lo haga dormir siempre.