5.19.2011

La esperanzadora mitad de semana

Nunca es una buena idea ir a tu casa entre semana.
Me gusta llegar sola. Llegar caminando. Llegar en metro o camión. Siempre he disfrutado los viajes. Sabes que, o más bien debería de decir: ¿si sabes?, no, no hace falta.
La líneas, los versos y las notas no tienen acento y me alegra. Es lo único que me arrastra fuera del mundo. Es lo único. Con los audífonos adentro de los oídos. La música, los mensajes y las ruedas sobre el asfalto no llevan acento. Por eso podría pasar horas en el autobús.
No puedo llegar a tu casa entre semana porque es demasiado tarde, entonces vienes y me esperas y me dices que vayamos. No me gusta, siempre me quedo dormida y me cuesta mucho trabajo abrir los ojos, aún cuando este de pie. Puedo bajar de tu cama, pero de ti nunca. Duele cuando no sé que hacer y me quedo apoyando los pies en la pared.
Siempre siento que me viene persiguiendo el tiempo.
Siempre lo siento.
Cuando hago conciencia de eso, me quedo sin ganas, pero al menos lo intento. Llego a casa y leo todo lo que pueda, no mucho, me quedo colgando de una última línea. Colgando de una tira, haciendo promesas al aire. Todo es real pero esta al aire, mientras que me enciendo y me aguanto, algunas veces no tanto.