Antes de empezar a cantar dijo: Chicas, para esta canción voy a necesitar maquillaje, ¿tienen rubor o algo así?
Todo el mundo se rió y luego empezó a cantar Lord Anthony. Lo hermosa que se oye su voz cuando canta Lord Anthony.
A la mitad de la canción se sentó en el escenario, como tal vez lo ha hecho Morrissey, no la pose clásica de Morrissey, no, pero casi igual de dramática. Con una pierna colgando, apoyando la cabeza en el hombro y con el micrófono muy cerca cantaba de un chico que guardaba un Toblerone derretido bajo el vestido.
Chicas, ahora. Pónganme algo de maquillaje, dijo.
Nadie se acerco y la música seguía. Era una sala de opera, casi como un teatro, no había barreras ni hombres frente al escenario. Cualquiera podía llegar, menos yo que estaba hasta arriba.
Finalmente llegó una, dos y luego tres. Llegaron con polvo en las manos, pusieron una brocha sobre sus mejillas y alguien demasiado cerca de sus ojos intento ponerle rimel. Todo esto mientras la música y su voz llenaban los ojos y las mentes en blanco. Todo esto mientras escuchabamos: When will you realize it doesn't pay to be smarter than teachers, smarter than most boys? "Shut your mouth, start kicking the football" Bang on the teeth. You were off for a week, boy.
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10.22.2010
10.03.2010
A. se las arregla en el mundo moderno
Lo cual podría ser o no ser, real. ¡Pero quien sabe y a quien le importa de una manera seria!
Estaba sentado ahí luciendo un poco como nada ni nadie. La cosa se trata de sentarte en una mesa y decir sandeces, exponer frente al grupo y confiar en ellos como nunca has confiado en nadie. Estar al tanto de su reacción, son cinco personas que prometen, no estas seguro, confortarte o no juzgarte. A una se le tensa el cuello, pretender descifrarla es como intentar atravesar una pared, bajas la mirada y ves tus manos, sudas como un demonio. Vaya que has estado ahí, varias veces. Si uso la capa y salto del techo todo saldrá bien. A la de una, a la de dos y a la de tres, de repente te crees capaz de modificar tu estructura orgánica y atravesar la pared como ya lo han hecho varios. Y es que nada puede ser hecho sin la fuerza y la fuerza está en la fe. Y la fe esta en cualquier sandez que te haga sentir bien y en la que quieras creer con todo tu estómago antes de dormir con las luces afuera y la oscuridad adentro. Que bien te queda cuando no tienes nada en que creer y te sientas en una mesa de cinco, intentando descifrar una reacción por los que te echan la mirada. Ay de ti. Una tensa el cuello, dos te miran, en una no te fijas y la quinta asiente mientras te deshace los vestidos en un tris. Basta que entrecierre los ojos para desarmarte. Y tienes que confiar en los cinco, porque no hay nada más. Confiar en que no dirán nada. Y al final te admirarán solo con verte caminar. Atravesando el recibidor, escogiendo una silla y refrescándote los labios has comenzado a hablar. No puedo estar con nadie, no puedo terminar con nadie – dijiste - me viene a mi mente que voy a mancharla y es que una y otra vez, cuando estoy ahí, recuerdo. ¿No eso sobre lo que trata el pecado original?
Estaba sentado ahí luciendo un poco como nada ni nadie. La cosa se trata de sentarte en una mesa y decir sandeces, exponer frente al grupo y confiar en ellos como nunca has confiado en nadie. Estar al tanto de su reacción, son cinco personas que prometen, no estas seguro, confortarte o no juzgarte. A una se le tensa el cuello, pretender descifrarla es como intentar atravesar una pared, bajas la mirada y ves tus manos, sudas como un demonio. Vaya que has estado ahí, varias veces. Si uso la capa y salto del techo todo saldrá bien. A la de una, a la de dos y a la de tres, de repente te crees capaz de modificar tu estructura orgánica y atravesar la pared como ya lo han hecho varios. Y es que nada puede ser hecho sin la fuerza y la fuerza está en la fe. Y la fe esta en cualquier sandez que te haga sentir bien y en la que quieras creer con todo tu estómago antes de dormir con las luces afuera y la oscuridad adentro. Que bien te queda cuando no tienes nada en que creer y te sientas en una mesa de cinco, intentando descifrar una reacción por los que te echan la mirada. Ay de ti. Una tensa el cuello, dos te miran, en una no te fijas y la quinta asiente mientras te deshace los vestidos en un tris. Basta que entrecierre los ojos para desarmarte. Y tienes que confiar en los cinco, porque no hay nada más. Confiar en que no dirán nada. Y al final te admirarán solo con verte caminar. Atravesando el recibidor, escogiendo una silla y refrescándote los labios has comenzado a hablar. No puedo estar con nadie, no puedo terminar con nadie – dijiste - me viene a mi mente que voy a mancharla y es que una y otra vez, cuando estoy ahí, recuerdo. ¿No eso sobre lo que trata el pecado original?
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