11.24.2008

Tarde libre para escribir

Yo siempre supe que estaba causando todo.
De esas veces que te ves pecando de ingenuidad pero algo dice que esa serie de pequeñas e insignificantes acciones conjuntamente han venido a estrellar la voz en el auricular y decir de manera irremediable con el poder de dar paz, la verdad y nada mas, que la verdad.
He malgastado muchas cosas. Me han visto la cara, lo he notado y esto solo me ha hecho reír.¿No es gracioso?
Parece genial que las caricaturas tengan un guión que los haga tartamudear y dejar las frases a medias, pues es algo que hacemos también, entonces parece humano y de verdad lo es.
Me malgaste sin decir. Estaba cansada de los que buscan escandalizar para calentar pantalones y reventar zippers o de sentir a las chicas lúdicas y mojadas. Hemos estado expuestos a tanto, que esas formas son tan 1984 y que tiene mucho mas mérito sacudirle la mente a alguien que hacer que sacuda su pene.
Así que de alguna forma sentí que si llegamos al punto en donde la voz se estrello en el auricular, fue por mis pequeñas e insignificantes acciones cuando buscabas la oportunidad de hablar.
Entonces recuerdo ese día como :
El día en que mi camiseta era morada y dije me encanta por que es tan sencilla y el dijo a mi me encanta que pienses así. Después puso te para tres y me dijo es para ti. Yo no entendí, por que según yo el era gay y yo era demasiado chica para pensar mejor y mas rápido.
El día que traía abierta la ventana y me mojo un camión.
El día que te marque y dije se que me voy a arrepentir pero es algo que tengo que hacer, después colgué.
Hay días en que valdría mas no salir de la cama pa·ra·bam·bam·bam
Después, cuatro años después nos venimos a encontrar en un lugar donde el mas joven debía de tener treinta, no menos. Luciendo y hablando igual, nos abrazamos al despedirnos.

Me agrego al messenger después y su nick era Melmac, entonces volvimos como Alf en forma de fichas.

11.03.2008

Y decimos adiós y le pedimos a Dios



El vacío que nos deja permanecerá.
Es el inicio de extrañar a alguien toda la vida.