Han equipado las salas de cine con grabadoras que, como en los sitcoms, reproducen expresiones falsas sólo para que estés enterado de que se trata de un chiste o de que el dolor es tanto que debería de estremecerte. En algunos casos los chistes son magníficos e irrepetibles, de esos que estallan carcajadas y en otros casos se escucha un sonido que no llega a ser risa porque se trata de un chiste pequeño, sólo se oye como se despegan los labios, el sonido viene de la saliva y no de la garganta. Deberías de venir conmigo es como escuchar a una centena de niños parpadear al mismo tiempo.
La gente empieza a reírse. ¿Yo? Ya sabes como soy yo. Antes de darme cuenta de las grabadoras del cine, me pregunté si me había quedado dormida o si había estado pensando en otras cosas, en cosas que ya viví, cuando debía prestar atención a la película.
Alguien vierte el agua para preparar un espagueti y se ríen. Julianne Moore dice: “It’s a fucking marathon” y se ríen. El muchacho que está a dos asientos de mí se dobla de la risa y casi está sobre su acompañante.
No entendí mucho la película, si me preguntan de qué se trata no sabría que decir. Sólo recuerdo frases. Una que me gustó: “Vio que se alineó la tierra con Atlanta y entonces comprendió que su vida iba a girar entorno a la guerra.” Y luego otra vez, empezaron a reírse.
Ahora Micheal Scott mira a la cámara sonriendo después de que la chica de la que está enamorado se va con su novio. Entonces dice que él lo ve así, que la gente preguntará cómo se conocieron y dirán que su historia fue larga, este año ella tiene pareja y que el siguiente quizás él tenga pareja, pero al final estarán juntos.
Todos se ríen y yo sospecho que se han metido en nuestras casas y que lo han planeado por años y ya lo lograron.
Suena absurdo, pero cosas mas absurdas han pasado.
11.23.2010
11.07.2010
Jodida pero radiante
Me jodió.
Pensar en un millón de posibles respuestas no sirve de nada, no sirven porque habría hecho lo mismo ¿Qué haría yo si estuviera en mi lugar?
Me jodió y lo hizo bien. No puedo dejar de sentir y al mismo tiempo me pongo a razonar, no debería de enfermarme así.
Entonces me fui, era la misma persona en otro lugar, aunque seguía jodida, no había nada que me lo recordara y eso estaba bien. No había necesidad de explicarme desde el punto más básico, nadie que preguntara quien era y yo sin tener que justificar toda esa puta respuesta. Por eso casi no conocí a nadie.
El primer intento fue en el avión. Era un cuarentañero que había bajado un montón de libras y se metía Skittles a puños. ¿Por qué la gente busca soluciones para la calvicie? Qué montón de tontos, ¿por qué no lo pueden hacer divertido y usar sombreros o algo así?, eso fue después de todo una platica sobre su éxito en los negocios y una serie de preguntas. Las clásicas, quién eres, para dónde vas, por qué y después su gran chiste, ¿vienes buscando a un americano para casarte? Entonces habló de la calvicie de otros y tampoco es algo que me importe mucho pero contesté: Lo dices porque no tienes ese problema. Y el dijo: No, yo lo haría divertido.
Empecé a reírme y le mire: ¡Ah cómo me gustaría ver eso!
Hablas muy bien inglés para ser mexicana.
Esta vez no, esta vez no estaba en el humor y estaba enferma. En cualquier momento me podía vomitar. De regreso me fui por la costa del país y pasé mucho tiempo viendo el Pacífico y pretendiendo no hablar inglés. Mi mochila pesaba cinco kilos, todo lo que traía ahí eran libros. Tomé el que había estado conmigo desde el inicio, desde México.
"Quizá la literatura sea eso: inventar otra vida que bien pudiera ser la nuestra, inventar un doble."
Y pienso eso. Pienso mientras camino hacia las escaleras, jodida. Que no puedo recordar nada que me guste, sin pensar en cómo lo usó en mi contra. Me enoja tanto. Me enoja tanto que los demás me hayan podido conocer mejor de esa manera, y me dicen, cualquiera de mis gustos, cualquiera de mis ídolos, yo sonrío porque me emocionan, pero me viene a la mente que la única forma en la que ellos lo saben es porque estuvieron ahí cuando me jodieron.
¿Ahora qué? ¿Lo dejo colgado en la reja y pretendo que no existe? ¿Camino sin parar? Ah, cómo me calma caminar.
Lo único que se me ocurre ahora es que quizás deba de inventarme otra vida, hasta que deje de sentirme así. Necesito el oscuro hermano gemelo que todo escritor tiene, según Faulkner.
Pensar en un millón de posibles respuestas no sirve de nada, no sirven porque habría hecho lo mismo ¿Qué haría yo si estuviera en mi lugar?
Me jodió y lo hizo bien. No puedo dejar de sentir y al mismo tiempo me pongo a razonar, no debería de enfermarme así.
Entonces me fui, era la misma persona en otro lugar, aunque seguía jodida, no había nada que me lo recordara y eso estaba bien. No había necesidad de explicarme desde el punto más básico, nadie que preguntara quien era y yo sin tener que justificar toda esa puta respuesta. Por eso casi no conocí a nadie.
El primer intento fue en el avión. Era un cuarentañero que había bajado un montón de libras y se metía Skittles a puños. ¿Por qué la gente busca soluciones para la calvicie? Qué montón de tontos, ¿por qué no lo pueden hacer divertido y usar sombreros o algo así?, eso fue después de todo una platica sobre su éxito en los negocios y una serie de preguntas. Las clásicas, quién eres, para dónde vas, por qué y después su gran chiste, ¿vienes buscando a un americano para casarte? Entonces habló de la calvicie de otros y tampoco es algo que me importe mucho pero contesté: Lo dices porque no tienes ese problema. Y el dijo: No, yo lo haría divertido.
Empecé a reírme y le mire: ¡Ah cómo me gustaría ver eso!
Hablas muy bien inglés para ser mexicana.
Esta vez no, esta vez no estaba en el humor y estaba enferma. En cualquier momento me podía vomitar. De regreso me fui por la costa del país y pasé mucho tiempo viendo el Pacífico y pretendiendo no hablar inglés. Mi mochila pesaba cinco kilos, todo lo que traía ahí eran libros. Tomé el que había estado conmigo desde el inicio, desde México.
"Quizá la literatura sea eso: inventar otra vida que bien pudiera ser la nuestra, inventar un doble."
Y pienso eso. Pienso mientras camino hacia las escaleras, jodida. Que no puedo recordar nada que me guste, sin pensar en cómo lo usó en mi contra. Me enoja tanto. Me enoja tanto que los demás me hayan podido conocer mejor de esa manera, y me dicen, cualquiera de mis gustos, cualquiera de mis ídolos, yo sonrío porque me emocionan, pero me viene a la mente que la única forma en la que ellos lo saben es porque estuvieron ahí cuando me jodieron.
¿Ahora qué? ¿Lo dejo colgado en la reja y pretendo que no existe? ¿Camino sin parar? Ah, cómo me calma caminar.
Lo único que se me ocurre ahora es que quizás deba de inventarme otra vida, hasta que deje de sentirme así. Necesito el oscuro hermano gemelo que todo escritor tiene, según Faulkner.
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