Tengo este discurso sobre la publicidad, las revistas, las telenovelas, las películas y casi todos los medios masivos, el discurso de cuanto detesto cómo venden y proponen imposibles estándares en belleza, relaciones e incluso color de piel, está última especialmente en mi país.
Me hace sentir minúscula luchar contra esas creaturas que me llevan años y que se han metido en la mente de las personas, como si un taladro les estuviera perforando una parte especifica del cerebro, recordándoles todas las cualidades a las que deben aspirar, las cosas que no tienen y esa eterna e inútil búsqueda de la perfección. Hace semanas, estaba viendo con detenimiento a mi mamá y le dije que era muy bonita, ella se ríe, con esa alegría que parece que nadie ni nada puede quitarle, y me dijo: bonita tú que eres joven. Me sentí tan triste de pensar que ella no viera lo hermosa que es sólo por tener 69 años. La belleza no tiene que ver con la juventud, le dije, tu eras y serás por siempre hermosa. ¡Nos reímos! Sonó como a otras de mis bromas, no lo era pero es la única forma en la que le puedo decir ese tipo de cosas sin que ponernos sentimentales.
En fin, sintiéndome tan determinada con este discurso para diferentes aspectos hace poco me di cuenta que caía en otros, que ni siquiera sabía que existían, pero estaba tan sumergida que trabajo me costó darme cuenta. Amigos. De ahí cojeo. Toda esa idealización de tener un grupo de amigos, específicamente amigas, pasar las tardes en sus casas, salir a bailar, perder el tiempo en el teléfono, comer cosas ricas y lo que más admiro de esa fantasía es la lealtad. La realidad: United we stand, divided we fall. No me encuentro dolida o enojada, sólo es que muchos sueñan o se imaginan el novix perfectx, el éxito, los hijos, mientras que yo admiro lo sencillo que se ve superar algo cuando se tiene el apoyo de un grupo perfecto de amigas.
El año pasado cuando veía mucho Beverly Hills 90210, viví algo parecido a Brenda Walsh: encontrarme protuberancias en los pechos. Aunque ese fue un capítulo informativo, también fue triste y estresante, pero quedaba esa sensación al final de que todos estaban para ella, le escuchaban hablar del miedo que le daba, le acompañaban al hospital y se reunían a festejar las buenas noticias. Al final había sido un episodio que dejaba un buen sabor, como cualquiera de Beverly Hills o de Party of Five, tenía una moraleja y al final nunca, nunca ibas a estar sólo.
Cuando me di cuenta que la realidad daba más miedo, que tiendo a aislarme, que cosas así de complicadas no suelen resolverse en 45 minutos, que se estaba creando en mí una expectativa inalcanzable a mi modo actual de vida dejé de esos programas. Me gustaba ver esos finales porque me daba un poco esperanza. y la necesitaba a muerte, luego me di cuenta que hasta me sentía enojada de ver lo sencillo que eran sus vidas o lo felices que eran, obviamente comparada con la mía. Beverly Hills 90210 es un buen lugar para visitar si sabes cuando irte y si sabes dejarlos en esa otra época en lugar de llevarlos contigo.
Lo que veo ahora son programas policíacos o de misterio dónde al final las cosas casi nunca están bien y se ve de una manera más realista los cambios y el desarrollo de los personajes, la construcción de relaciones y cosas alejadas de mi realidad como los crímenes, la investigación y las pistas de un misterio. Me da más alivio y me encuentro en otro mundo pensando en la ficción, se termina y casi nunca comparo mi realidad con aquélla ficción, aunque todos cojeamos de una pierna y siempre es peligroso estar en exceso expuesto a los diferentes mensajes que se cuelan por todos lados.