5.25.2013

No soy de aquí, ni soy de allá

Me acuerdo cuando esa gran ciudad, pequeña en extensión, me daba igual. Eso fue cuando vivía ahí. Antes de haberla conocido, recuerdo haber planeado ir. Buscar vuelos, ajustar un itinerario que no es de la talla, convencer a mi novio, juntar las millas, atravesar uno o dos países para llegar.

A pesar de tal esfuerzo, ese año no fui. Quedó mejor recorrer la Costa Oeste. Lo hicimos en tren. Paramos en varias ciudades, algunas fueron mejor que otras. Los Ángeles me dio igual, de San Francisco me enamoré y en Washington siempre tengo una razón para volver.

Al año siguiente conseguí un trabajo que demandaba vivir en ahí. Mes y medio en México, mes y medio en Nueva York. En total pasaba seis meses aquí y seis meses allá. 

Con todas las imágenes que tengo, un archivo en la memoria que se abre involuntariamente. Despierto y me siento mal por soñar eso, ni siquiera disfrutaba estar ahí. Todo se parece tanto. Los edificios, las calles, el clima, la caminata, las salidas. Como si lo extrañara. 

¿Por qué cuando estoy en un lugar me la paso pensando en otro? En el pasado, en el futuro.