A pesar de tal esfuerzo, ese año no fui. Quedó mejor recorrer la Costa Oeste. Lo hicimos en tren. Paramos en varias ciudades, algunas fueron mejor que otras. Los Ángeles me dio igual, de San Francisco me enamoré y en Washington siempre tengo una razón para volver.
Al año siguiente conseguí un trabajo que demandaba vivir en ahí. Mes y medio en México, mes y medio en Nueva York. En total pasaba seis meses aquí y seis meses allá.
Con todas las imágenes que tengo, un archivo en la memoria que se abre involuntariamente. Despierto y me siento mal por soñar eso, ni siquiera disfrutaba estar ahí. Todo se parece tanto. Los edificios, las calles, el clima, la caminata, las salidas. Como si lo extrañara.
¿Por qué cuando estoy en un lugar me la paso pensando en otro? En el pasado, en el futuro.