Hay ciertas canciones que parecen rendirse desde el inicio, sus primeros acordes suenan a venir arrastrando los brazos por la banqueta. De la manera más pacífica que conocen se dan por vencidas y dan la razón a todo el mundo menos a sí mismos. Hay mucho detrás de ellas y delante, así que tal vez no sea su entera culpa o su intención total.
Incluso si, justo ahora no tienes alguna en mente, le dije, al momento que escuches una lo sabrás. De eso estaba hablando, dirías, incluso si, no hubieras dicho nada antes.
Rompe en risa cuando llega al punto absurdo o cuenta una historia desde el piso, es una súplica o un último intento con pocas expectativas. Se que suena algo patético, pero hay algo dulce al respecto, hay algo conmovedor. Parece estar libre de pretensiones y habla con una sinceridad, como murmurando de cerca al oído las cosas que no se tiene el valor de decir en voz alta, ni de frente y por eso se hacen de una distancia casi instantánea. Solo importa lo que quiero decir no como me vea mientras lo haga, que es suficiente un sonido para suplir una imagen.
Para explicarlo mejor debo admitir que tengo algo torcido dentro de mí, a veces escucho con movimientos y veo con sonidos. En las canciones, vienen a mí mente acciones y no me refiero a la vaga expresión de decir esta es una canción para bailar o para dormir.
Pondré de ejemplo una de mis favoritas, empieza provocando. Quiere hacerse de un lugar y encontrar el descanso. Se deja ir sobre el hombro. Y como un gato, ronroneante se acerca, se acomoda y se tiende. Pretende lograr su intención. Al fin se encuentra de frente y quiere abrazar la cintura. Guau.
Avanza la canción, ahora otras manos y otra cabeza descansan en la pared de su pecho, intentando escuchar al cuarto contiguo.
Se da cuenta de que ya esta sonando y se emociona porque lo ha logrado.
Te ha hecho bailar.
Y justo ahora parece irse de lado y cada vez que habla se perfila a escupir.
Duda de cual sería el mejor momento para tomar el rostro y decirle: Eres muy guapo. De muy cerca o de muy lejos, cada vez que habla parece que se perfila a escupir. Es una característica única, tan exquisita que afila.
Sabe que debería haber abandonado esta intención y cree estar haciéndolo lo mejor posible. Grita una o dos mentiras, porque en ese momento cree que es la verdad.
Y con la fuerza de todos sus dientes se pregunta, al terminar, cual sería el mejor momento para decir que si quisiera dormir con alguien, sería contigo y sobre ti.