A veces se siente como si el silencio de la calle en la madrugada fuera igual de denso que el vacío de los días, que siguen pasando. Otras veces es la libertad misma.
Nada de eso se puede comparar a ir manejando en el auto, otra vez por calles vacías, húmedas y frías, escuchando música de mi elección y, ocasionalmente, lo que programen en la radio, me pasaba en Monterrey más seguido, eso de escuchar la radio en el auto, recuerdo perfectamente en alguna ocasión al locutor decir: Éste clásico de Full Moon Fever. Tom Petty.
Tengo esta avenida con seis carriles, casi totalmente vacía, esta avenida que recorre la ciudad de norte a sur. A esa hora los semáforos tienen piedad de mí y llevan la mejor sincronía. Si hay algún alto por ahí, de seguro arruina la canción, ¿qué caso tiene escuchar la mejor parte estando detenida?
Tengo esta avenida con seis carriles, casi totalmente vacía, esta avenida que recorre la ciudad de norte a sur. A esa hora los semáforos tienen piedad de mí y llevan la mejor sincronía. Si hay algún alto por ahí, de seguro arruina la canción, ¿qué caso tiene escuchar la mejor parte estando detenida?
El paseo se alarga con cada canción que me gusta y sigue, aunque regrese la cinta, es ese paseo él que nunca quiero que termine. Las calles pueden seguir así, como casi cualquier parte de mi cuerpo, vacías, húmedas y frías, y es perfecto.
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