1.11.2014

Ese día


Cómo era de esperarse y cómo dijiste que no sucedería, las palabras se empalmaron, no te dejaban terminar ni tampoco escuchar. Eran temas distintos. Era claro, habías pasado un largo rato pensando qué decir y parecía que también a ella le había pasado.

Estabas en la regadera pensando que era una tontería, ¿por qué te habías puesto en esa situación? De cualquier forma, ¿de qué hablarías? Ningún amigo en común se podría cruzar, difícilmente un lugar. Pero algo saldría, ¿verdad? Si lo dejabas de hacer te sentirías miserable y aceptarías, en cierta forma, que la vida es algo que puedes guardar en un cajón, algo que cabe ahí entre tus cosas, algo que se puede perder, que al principio te va a importar pero que te llegas a acostumbrar.

Pero la vida no es eso. Ni para ti ni para nadie debería serlo.

¡Cómo te habría gustado que ese fuera un día fácil! Saber dónde están todas las cosas, no haber olvidado cargar tu celular, tener la seguridad de qué se ve bien y qué mal. Aún así, te comprometiste en llegar hasta el final.

Sucedió y en la noche no podías dormir. Estuviste reproduciéndolo en tu mente, esa memoria que tienes a veces es una bendición. La mejor parte fue la despedida. Después de que te dijo adiós,  le volteaste a ver, mientras te decía que la invitaras otra vez te concentraste en otra cosa, ahora no puedes recordar si contestaste algo o si sólo asentiste. Era su sonrisa lo que tenía toda tu atención.Una sonrisa amplia y sincera. Parecía que le había dado tanto gusto estar contigo.

Es que había pasado tanto tiempo sin que una despedida fuera así.

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