4.28.2014

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Ella se sentía culpable. Aunque ella sólo escuchaba el problema y no tenía cabida en él no podía evitar sentirse culpable. Entiendo su sentimiento. No me atrevería a decir que es lo peor que se puede sentir, pero es una angustia que llega al desgaste. Ella empezó a llorar mientras hablaba, ahora su mente iba enumerando una cosa triste tras otra, cada vez más grande, igual que su sentimiento. Le evitaban ver a los ojos y trataban de romper con su llanto diciendo algo que la sacara de ese estado, algo con enojo, como lo habían aprendido en las películas, aún cuando no sintieran enojo, sólo era una técnica para evitar que el llanto se viniera fuerte y salir de esa incómoda situación. Iba más allá de lo ella que podía racionalizar, de pronto el peso del mundo, o al menos así creía sentirse, caía sobre sus hombros. Esa no es forma de vivir. Por otro lado, aquellos que buscaron en ella el apoyo y el consuelo se sintieron, como nunca en sus vidas, tan solos e incomprendidos al mismo tiempo. Se hicieron los fuertes, evitaron que siguiera llorando y trataron de romperle esa idea que se había formado. Ojalá que todas las veces estar triste fuera una cuestión de opción.

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