Han equipado las salas de cine con grabadoras que, como en los sitcoms, reproducen expresiones falsas sólo para que estés enterado de que se trata de un chiste o de que el dolor es tanto que debería de estremecerte. En algunos casos los chistes son magníficos e irrepetibles, de esos que estallan carcajadas y en otros casos se escucha un sonido que no llega a ser risa porque se trata de un chiste pequeño, sólo se oye como se despegan los labios, el sonido viene de la saliva y no de la garganta. Deberías de venir conmigo es como escuchar a una centena de niños parpadear al mismo tiempo.
La gente empieza a reírse. ¿Yo? Ya sabes como soy yo. Antes de darme cuenta de las grabadoras del cine, me pregunté si me había quedado dormida o si había estado pensando en otras cosas, en cosas que ya viví, cuando debía prestar atención a la película.
Alguien vierte el agua para preparar un espagueti y se ríen. Julianne Moore dice: “It’s a fucking marathon” y se ríen. El muchacho que está a dos asientos de mí se dobla de la risa y casi está sobre su acompañante.
No entendí mucho la película, si me preguntan de qué se trata no sabría que decir. Sólo recuerdo frases. Una que me gustó: “Vio que se alineó la tierra con Atlanta y entonces comprendió que su vida iba a girar entorno a la guerra.” Y luego otra vez, empezaron a reírse.
Ahora Micheal Scott mira a la cámara sonriendo después de que la chica de la que está enamorado se va con su novio. Entonces dice que él lo ve así, que la gente preguntará cómo se conocieron y dirán que su historia fue larga, este año ella tiene pareja y que el siguiente quizás él tenga pareja, pero al final estarán juntos.
Todos se ríen y yo sospecho que se han metido en nuestras casas y que lo han planeado por años y ya lo lograron.
Suena absurdo, pero cosas mas absurdas han pasado.
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