En algun momento empezará por desconocerte.
Me viene a la mente Magali Lara explicandonos su mural.
El círculo, cuando un niño pequeño es capaz de dibujar un círculo, ha formado ya una identidad, un yo total. La forma recurrente en el mural era el circulo, con carboncillo se iba difuminando, estallaba al expanderse o se colapsaba. Era diminuto o era inmenso, eran líneas discontinuas.
Me viene a la mente Magali hablando y Diana empezando a llorar, y me dijo que era muy emotivo ver ese mural que le recordaba a su abuela. Y se imaginan, ¿pararse frente una pintura que te provoque llorar?
Y los dibujos daban esa sensaciòn de movimiento, esa sensación del incotrolable caudal llamado tiempo que en algun momento ilusamente creemos tener poder o control sobre el. Ilusamente, cuando el poder es suyo.
Había trazos suaves, había tachoneos, pocas palabras y difuminados hechos con las palmas y ese pensar, ese concimiento y sentimiento que se contiene en el cuerpo. En un cuerpo tan pequeño, por siempre cautivo. Me quedaría mucho tiempo frente a el en silencio, si lo viera de nuevo y me gustaría que Diana estubiera a lado de mi, ahora veriamos lo mismo. Y ¿qué es la memoria para la identidad? le alcanzaría a preguntar
Maravillas de la condición humana, todos destinados al mismo fin. Diana dijo que esto nos hacia pensar. Si nos pasará lo mismo, nos aferrarariamos a la bolsa y al labial, al libro, al muñeco o al anillo para tener ese sentido de pertenencia, recordarnos que somos mujeres o hombres, que nos gusta, nos sienta bien y que tiene un vago olor a conocido, suficientes razones para aferrarnos.
Para sabernos o solo para sospecharnos.
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